domingo, 31 de mayo de 2015

Unino

Unino

Silente balbuceo oscilante,
Cuenca irritada, perdida,
jadea altibajos temblorosos y sonsos
atediados de cantos sordos.

Desolación lícita y blanca,
consumiéndose entre humos
sucios al olfato, palos santos
llamas resinadas, destrozadas;

Más no olvides luz sonora, la templanza
nunca pierdas su baraja, y ronronea
siempre y puedas, al frotar arduo,
acaricia siempre bajo;

Acicalando obeliscos puntudos
de fauces amarillas,
petrificadas,
alucina de sus esencias
calcinadas entre yescas;

¡Yescas, llamas, presas!

Llama hambrientas, cuida de ellas
arrúllalas masajeando de su pelo
 volteándolas a la luz oscura para
que sin extinguir su ardor florezcan;

Y guarda en tu matiz verdoso
la moneda sangrante de oro piel, miel
que no separe sus tronco venas
De este, mi entorno cruel.  

Y siempre sonríe a la muerte extinta
pues; devuelve a la calma poblada
de un bruto ser, tornado de grises,
volando ensuciado por verse crecer.

xEcx

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