Unino
Silente
balbuceo oscilante,
Cuenca
irritada, perdida,
jadea
altibajos temblorosos y sonsos
atediados
de cantos sordos.
Desolación
lícita y blanca,
consumiéndose
entre humos
sucios
al olfato, palos santos
llamas
resinadas, destrozadas;
Más
no olvides luz sonora, la templanza
nunca
pierdas su baraja, y ronronea
siempre
y puedas, al frotar arduo,
acaricia
siempre bajo;
Acicalando
obeliscos puntudos
de
fauces amarillas,
petrificadas,
alucina
de sus esencias
calcinadas
entre yescas;
¡Yescas,
llamas, presas!
Llama
hambrientas, cuida de ellas
arrúllalas
masajeando de su pelo
volteándolas a la luz oscura para
que
sin extinguir su ardor florezcan;
Y
guarda en tu matiz verdoso
la moneda
sangrante de oro piel, miel
que no
separe sus tronco venas
De este,
mi entorno cruel.
Y siempre
sonríe a la muerte extinta
pues;
devuelve a la calma poblada
de un
bruto ser, tornado de grises,
volando
ensuciado por verse crecer.
xEcx
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