Porque alguna vez fui fuego…
Un
fuego reducido
a
una fiebre interna,
que
convulsiona entre alaridos
de
un ardor misántropo;
El
ser entumido,
la
piel arropada
entre
batallones;
alucinados
de dolor frío.
Buscan,
entre
la intimidad muda
el
cuerpo enajenado,
enmohecido.
Asediándolo,
desde
la baja espalda,
hasta
el corazón impío.
“Nunca
nada había dolido tanto,
ni
siquiera el amor”
Recostado
famélico,
en
le destrozado algodón;
en
este anochecer la poesía será una vez más,
estandarte,
espada y caudillo,
para
verme poseído de vida:
Resucitando,
No
como un fénix,
pues
de las cenizas aún no vengo,
por
tanto ceniza aún no soy.
xEcx
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