Lunático.
Volvía
a mí como un anuncio divino
la
forma tan extraña de hacer poesía,
ese
despertar sudando
en
la oscuridad mortuoria del dejarse llevar
entre
los rinconcitos ahumados y mohosos,
ese transitar desnudo entre las nebulosas
desgastadas
que
se estrellaban bruscamente con la luna… lunático.
Enfermedad
del querer siempre estar en otro lado,
padecimiento
del no saber ni querer estar sobrio,
absurda
manía que desea
ver
la espalda romper sus huesos y de ahí, extrañamente
broten
como marchitas y humedecidas flores
un
par de alas que me hagan navegar
en
el oscurecido cielo que llora a la par con este sufrimiento.
