Soberbia y Yo
Es quizá tan
fácil persuadir las sombras que me
acompañan, distraerlas un poco para que se alejen y me dejen solo, en el
olvido, como acostumbrado mi cuerpo esta. Ando por las calles vacías y
lúgubres, llenas de tristeza, con olor a muerte; tu perfume se entremezcla con
las desdibujadas siluetas que pasan al lado mío, son tan frías que su carne al
tocarme me estremece. Tropiezo mil y un veces contra el pavimento húmedo el
cual recorro, y la mirada perdida de mi ser, mis ojos desorbitados y rojos no
saben que mirar.
-Tic Tac, Tic Toc, Tic Tic. Suena tan fuerte, horrible
olor.
Desdibujo de
manera exhortada el paisaje que veo y no quiero ver, me distraigo entre mil
cantos y sonidos que me atraviesan de un lado a otro, y me encuentro cuerpos vacíos
y vanos. Drogado, camino sin rumbo y me hago preguntas, que se, no tienen
respuesta. Busco variadas formas de salir del camino, pero cuando la encuentro,
me doy cuenta que estoy en otro.
-¿Cómo te va? ¿Acaso ya no es
hora?
-¿Hora de qué? Hace más de una
milla camino entre segundos ¿Hora de qué?
Ya no sé que es
real, trato de comprender que lo que siento no son más que pequeñas y
fastidiosas mariposas muertas que revolotean en mis tripas y agobian mi alma e
incomodan mis demonios. Estoy loco o quizá enfermo, o tal vez ambas, loco de la
cabeza y enfermo del corazón. Me he acostumbrado a sentir según como lo
digan los que me rodean, e perdido toda
potestad de mi cuerpo, y tan solo ando hacia adelante, sin esperar ni recibir
nada. Las cosas que suceden a mi alrededor no son premeditas solo pasan porque
debe ser así.
-Supongamos que es así, que lo
que murmuras tiene todo sentido, y lo que miras no es real-risa- ¿Pero de que le sirve?
-Quizá para no tropezar tan
repetidamente con usted.
-Entiendo.
No confundan mi actitud con lo que soy, pues
todo va muy a lo opuesto, no soy nada de lo que digo, ni digo nada de lo que
soy. Cosas parecidas a estas que narro, son las que pienso cuando camino, por
este hormigón. No soy ni siquiera un payaso- pienso y me rio- Luego de una
larga y extenuante caminata hago una parada y de la mochila saco una botella,
tomo agua, me doy un respiro, contemplo lo que me rodea, doy un circulo tan
lento que me demoro casi un cuarto de hora en completarlo, y los ojos hinchados
y rojos, me muestran la vanidad y el orgullo de la gente, esa la cual carga
hipocresía en la cara, y me siento alegremente agobiado por no ser parte de
ellos, ni que ellos sean parte de mi, y los miro con tanto desprecio, uno por
uno lo maldigo y les digo que la vida no es una canción o un cuento de hadas,
pero no me escuchan, todos viven en un mundo de ilusiones perdidas que
alimentan su codicia, y siempre buscan la forma de hundir a alguien para que
ellos sean felices, que mezquindad tan absurda, como me gustaría hacerles
entender que la vida es un bello purgatorio.
-Palabras de menos palabras de
mas, solo palabras. Narradas con que elogio a lo absurdo.
-¿Absurdo, eh?
No consigo
adivinar en qué lugar me encuentro, es una calle nueva la que transcurro, igual
a todas, tan simple, ni color. Mas hay algo peculiar que me hace llamar la
atención de este callejón, doy un paso hacia a él, y él hacia mi; siento
un viento helado tan frío como un copo
de nieve que cae sobre mi nariz, quedo por un momento inmóvil, exhausto, como
si de repente aquella brisa me hubiese robado algo, de repente veo como todo se
llena de sombras, no percibo ya los corles y siento que me oprimen el pecho,
como si un pequeño puñal atravesara mi ombligo, me veo caer en el reflejo de
una carro, que al pasar aturde mis oídos y quedo por un momento sordo, y veo
infinitas y deformadas figuras que corren hacia mí, y me pregunto qué ocurre
¿Acaso estoy solo? ¿Porque tengo ganas de llorar?
-Usted llora de una forma tan
apasionada que parce verosímil.
-¿Usted ha llorado alguna vez?
No lo creo.
Aparece en mi
mente un recuerdo exacto de mi niñez, cuando caminaba ebrio por las calles con mis “amigos”, era
tan solo un pequeño corrompido, uno de esos pequeños delincuentes. Nos
tambaleábamos de un lado al otro, y nos adueñábamos de las calles, pensando que
éramos lo mejor de este mundo ¡Pero qué estupidez! Un cigarrillo y una caja
llena de licor. Vuelvo, de ese tan peculiar encuentro con mi pasado y me
encuentro tirado en el suelo, mi cara esta recostada contra en suelo, y mis
ojos abiertos, tan grandes y blancos, como si les faltase vida, oigo voces y
gritos y de un momento a otro siento como mi cuerpo se muere por partes y mi
carne inmunda se coloca blanca, como la piel de perla de ella. Mi cuerpo
dormido y mi mente cociente acuden a mil augurios paganos y de mis labios sale
el nombre de Dios-al cual nunca nombro- y sé que he llegado a mi límite.
-¿Dios? ¿Dioses? ¿Usted, él,
quien?
-¿Me dejaría un momento a
solas? Pretendo dormir.
-No, si le dejo dormir no
tendría con quien hablar ¡Usted es el único imbécil que me escucha!
Comprendo que estoy muriendo, y trato de
hablar, o al menos reír para que sepan
que estoy bien, que no me preocupo, pero mi cara pálida y ya casi sin sangre,
no responde a lo que yo le pido. Siento como me levantan y casi floto, es una
sensación casi inaudita. Sin la capacidad de volver en mí, soy peso muerto y mis
extremidades se balancean de un lado hacia otro. Parezco una pequeña marioneta,
a la cual los hilos de la vida, manejan a su antojo, un pequeño bufón, un gran
idiota.
-Flotar, nube verde, cielo
violeta, sol azul. ¿Caer?
-Caída, aire rojo, flores
negras, suelo amarillo.
-¡Colores insignificantes
amigo!
He quedado
inconsciente, y no sé qué ha ocurrido desde que casi floto...
No sé en qué
lugar me encuentro, y aunque el olor de ese lugar no me es conocido asumo que
estoy en un hospital, pero no es tan frío y callado como suelen ser esos
lugares tenebrosos y blancos, donde se oyen gritos de vida y muerte. Ya un poco
angustiado, sin saber cuál es mi paradero, intento colocarme en pie, y lo
logro. Pensé que estaba dormido, y seguía inconsistente, pero estoy en un lugar
oscuro. No logro divisar nada, pero hay variados sonidos que no logro
descifrar, esa casi tan magnífico como si estuviese presenciando un concierto
de música ancestral, pero pese a mis intentos no logro saber que me deleita en
este momento.
-¿La Chute?
- Posiblemente.
Sin mi vista,
sin luz, ni color vago por tan curioso y melancólico lugar, tratando de llegar
a alguna parte, oigo voces conocidas y una felicidad casi mística se apodera de
mí. Al volver la mirada hacia atrás veo como unas pequeñas imágenes
petrificadas aparecen de la nada paulatinamente, llenas de colores que nunca
había visto; petrificado quedo frente de aquel suceso, inmóvil veo como al
acercarse ellos, aparece mi cuerpo gélido, esquelético, pálido y pútrido, no
puedo moverme, y veo como en los cuerpos ya sin forma de aquellas imágenes se
reflejan mis recuerdos, con el rostro de mi amados, y me apuñalan con tanta insolencia y lujuria, pero de mi
cuerpo ya no se drena ni una gota de sangre. Siento el entrar y el salir de
aquellos sedosos objetos, que me
penetran con cuan facilidad, pero no hay dolor, ya no hay dolor. Me siento
mareado, me siento un poco más ligero, como si por esas yagas que me han dejado
el puñal, se escapara el poco aire que queda dentro de mi cuerpo, dejándome vació.
Mi tan anhelado vació.
-Vívido balbuceo de tímido
aire, vació.
-Torpe y sin vista, divino.
-¿Torpe? Le recuerdo que es
suyo.
-¿Mío? Usted me lo regalo en
noches menguantes.
Después de aquel
suceso tan desconcertante, recobro la poca cordura que queda en mis entrañas;
apuñalado, sin tacto, ni vista, ni dolor, me levanto, y sigo por aquel oscuro
camino que recorría en vez primera. Confuso y sin esperanza alguna sigo mi
camino, pensando en que me he convertido en lo que quizá más he temido en toda
mi vida.
-¡Miedo al miedo!
-Pero si el miedo es tan solo
un sentimiento tan común como todo los que hay, tan normal, tan sincero.
-En fin, miedo.
Abandonando y retomando esta idea que rebota en
mi cabeza, camino sin saber cuánto tiempo ha pasado, quizá una hora, una
semana, un día, no sabría decir que ocurre, o donde estoy, siento que he estado
aquí, en este lugar oscuro por tanto tiempo que ya no siento cansancio, ya no siento
nada. Intento revolcarme, quitarme el aire, el poco aire que me queda, pero no
tengo la suficiente ímpetu para hacerlo, he perdido las capacidades físicas y
tan solo tengo la energías para continuar mi camino de sollozos escombros. Con
lo poco que me queda, pienso en lo último que se e de pensar, y sonrió, y aunque mi cara flácida y flaca no permite
ver mi expresión, se que lo estoy haciendo. Y sin fuerzas retomo aquel
pensamiento, un conocido olor distrae mis quimeras y
hoy tan solo hoy odio lo que jamás había odiado, y el vació, me hace dar miedo.
Sé que estoy solo, que siempre lo he estado, y entiendo que el miedo de ser un
recuerdo, ya no me da desasosiego, pues ¿Cómo darme miedo de lo que soy? ¿Por
qué tenerme miedo a mi mismo? Resuelvo acomodarme a lo que se me ha destinados
ser, un insólito bufón, un arlequín de risas de papel, un ser sin alma para sí
mismo.
-Ahora se siente capaz de
afrontar todo, eh, que vaina tan enredada, ni usted sabe lo que hace.
-¿Y usted si? ¿Usted tiene
rumbo fijo?
-No le incumbe.
Abro lo ojos y
estoy en mi cama, han pasado tres semanas desde que aquel aire frívolo atravesó
mi ser -pensaron que nunca abriría los ojos- me levanto y camino hacia la
ventana, pero el cielo esta rojo, no es normal, vuelvo mi vista hacia atrás y
veo mi carne paila y corroída. Observo. Comprendo que no caminare de nuevo. Me
derrumbo contra el piso y miro al techo, y pienso… ¿¡Acaso Que pasaría si yo
muriese!? No cambaría el curso de la tierra, las flores brillarían igual al
caerles el roció, no dejaría de salir el sol, no cambiaría nada. El tiempo
transcurriría igual, la experiencia de la muerte se trastornaría en las
tenebrosas miradas de los demás. Mi carne se descompondría trozo a trozo, sin
que nadie se advierta de ello, y de por si a nadie le intereso.
-¿De nuevo llora? ¿De nuevo el
miedo? ¡Que ser más absurdo y sin gracias, que ser tan impreciso y vulgar, le
miente a la mentira, le miente a su DIOS.
-¡Mi Dios soy yo!
-¡Usted no es capaz de ser
usted, va ser capaz de ser un Dios! Ni Mundos Ni Titanes.
Aquellos oníricos seres se murieron conmigo, y
mi locura encontró refugio en la piel ajena, en una piel sin alma. Las
tentaciones del pasado fueron calcinadas con la caída. Los pasos helados de la
muerte se aproximarían a mí, con un tenue olor a tabaco. Se a desperdiciada una
vida en mí, tardaría años en de nuevo vivir, con no más de tres tristes
garabatos que perseguirían mi mente y sus ojos, aquellos los cuales, me
mantenían vivo. El caos de mis manos ha desaparecido, y el tenue sabor de su
tacto, no lo volví a sentir. Pero sería unos de los riesgos a tomar. Las
imágenes del pasado aturden mi exilio a la tierra de los no favorecidos, y la
tortura mas grande, sería el no poder sentir, como sentí alguna vez. Mi
libertad fue consumida por mis demonios, que el algún tiempo fueron presos de
mis deseo y los de ella, pero ahora son voraces bestias aladas que tragan lo
único que queda de mi, mi cuerpo. Y como la extraño. Aquellas largas caminatas
que solía tener sirvieron para confrontarlos, más aún así nunca tuve éxito con
ellos, siempre moría antes. Y aquel vació nunca desapareció-después de todo Morir
nunca fue suficiente- siempre estuve preso de los malditos sentimientos, que de
una u otra forma desgarraban siempre mi alma.
-No lo dude hágalo, si se va me
voy con usted, es simple yo lo sigo, porque se me da la gana de seguirlo.
-Nunca le pedí su opinión.
-Nunca me hace caso, siempre
prefiere observar bien y ver las consecuencias, tipo tan precavido.
Pero vagar así
ya no tiene sentido, pensé que después de aquel ínstate terminaría todo. Ahora
me encuentro en un misterioso limbo, mas mi piel no es fría, ni de cristal, me
sumí en el olvido. Me amenazan las almas vacías y temerosas de los que conmigo
cayeron. Que como yo no tuvieron suerte, que como yo están tristes, que como yo
están solos, que como yo mueren.
-¿Morir? Nunca sería capaz de
hacer tal cosa.
-Después de todo siempre
estuve muerto…
xEcx