lunes, 11 de mayo de 2015

Descomponme.

Descomponme.

Una parte de mí se conforma
por la inmunda y vulgar melancolía,
la otra quizá, por un ser estúpido e ingenuo,
un gran albatros, un soñador o un cuerdo.

Aquel que anda solo.
Todos se apartan un día,
se fastidian de la inmundicia que pulula
en mi carne fría, los agobio y destruyo,
luego huyo.

No me interesa la tolerancia de nadie,
pues en un instante, todo sucumbe, y la babaza
que conforma mi cuerpo se hunde,
en aquel lodo pútrido de la incertidumbre.
Mañana quizá maquille un poco mi rostro y así,
los parásitos de mis ojos,
se verán pintorescos y menos paliados.

Sería mejor así. Solo.

Al que se atreve a enfrentarme
y lidiar conmigo, termina aburrido,
fastidiado y apartado de la vida.
La vida que les robo.
¡Debería tal vez hacer mi acto final!
Caminar mar adentro y
descomponerme con la sal,
que se evapore mi
carne húmeda y frívola.

Ver caer trozo a trozo mi alma,
desenredar las costuras,
y dejar la fragmentada estela
disolverse entre telas de oscuros colores.
Así mi silueta perfumada por la muerte
desaparecería de la
ausencia, corroída e inerte.

Descomponme.

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