domingo, 3 de mayo de 2015

De Lunares y Lunas

Luneras…

De lunares y lunas

Lunetas

Inalcanzable luz etérea
que respira entre los
 majaderos y trágicos cristales
rayados por la brisa.

Adornadita y loca, con
lindos colores violeta y
con sombras punzantes
que acogen al paseante.

Oscurecido por finas
estrellitas con barbas
nubosas y nubladas;
¡Lunetas encandelilladas!

Reposan en su mar jadeante
de azules opacos de
brillantes matices cuan
circulito rojo y triste.

Pecas danzantes en
su blanca cara, partida
y basta- basta de
lluvias falsas y caras-

¿¡Quien curara la lunetica blanda!?


Lunetica

Soneto dispar a la perla pasa, simple y plana
que admira mis ojos como sombra vana que
acompaña a la luz irritante que brota
y llora de las sienes de la brillante pluma
que sostienen mis manos, cansadas y flacas
por el venerable delito delatado
en el revolotear de mil alas sucias y fragantes
que alumbran a los faroles descontinuados
de besos lúgubres y nada frescos, elogiados
por el recuerdo de las cartas quemadas
bajo la luz de la perla pasa plana, plana, plana.

Y me quemare a causa de esa luz nocturna
por el extraño ser que le ocupa en
distante y opaco cielo, refugiado en los
tumbados suburbios de mi Lunata consentida.

Lunática

 Lunata.

De subida y bajada
cansada por los flojos
vaivenes horizontales
 de historias inconclusas.

Con medias largas
rayadas a rayas, de colores
blancos y grises. Con sutil
sombrero redondito y plano

Diminuta, distante y sin
faldas espeluznantes, de vicios
fríos y torpes, que le
escurren en fulminantes goces.

¡Mulata de vino y se fue!
De sabor amargo y cortante
 de colores ocultos en el
recorrer moribundo y turbio.
De tacones sin punta, con
cristales otorgados por su fronteriza
nube, de jardines gigantes con
graciosa forma de forma.

Su gata en mis techos derechos,
se escurre por tubos estrechos,
que se encoje estirada
que torcida se agacha, gata.

¡Oh mulata lunata, mi gata!
Desnuda en la noche callada
de coloridas luces opacas
de siluetas oscuras, perfectas;

responde a mi grito sordo
que respira calaveras florecías
por la luz de luna radiante,
escupida en mi cuerpo jadeante.


¡Oh lunata mulata, mi gata!



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