sábado, 9 de mayo de 2015

Ascensores

Ascensores

Elocuente balbuceo que de
trémula y dolida caja,
resuena en el deslizar del
tiempo, la ausencia y la espera,

Albergando en su interior
sonrisas hipócritas, llenas de aspectos
molestados, por la sobriedad
que les acompaña en el acto.

Perfumando el ambiente con
vientos de pánico, silentes
e inconclusos, perturbados
por la mordida llegada al cielo.

¡Cielo tupido por color nauseabundo!

Consumen en el devenir
de las noches, la suma
casi incontrolable de los años,
arropados con pieles finas,

Que embriagadas descienden
por tan oportuno y veloz aviso
que las horas corren,
por senderos inmaculados, idos.

Y la vida desnuda se muestra
sucumbida por el efecto de caer tan
bajo, mostrando los retratos
descompletos e inconformes,

vomitados y mal olientes,
gracias a la tan sagrada corrupción
del dinero, que solo impide
que murmuren unos pocos.

Mareados y vencidos al descender
a la fría penumbra blanca, caminan
con la dificultad de llevar los ojos
rojos y los cuerpos impíos.

Despidiendo de su boca, el olor
de decrépitos y sinceros
saberes, confesando al reflejo
de su angustia, la verdad de su vida.

Cambiando las imágenes verdaderas
por gestos dispersos y deformes,
ruborizados por el veneno, que
inyectado en su alma los calma.

Ya idos, la soledad y el cansancio,
serán amantes del madero
vencido, sonoro y deteriorado
por cargar corazones marchitos.


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