Ascensores
Elocuente
balbuceo que de
trémula
y dolida caja,
resuena
en el deslizar del
tiempo,
la ausencia y la espera,
Albergando
en su interior
sonrisas
hipócritas, llenas de aspectos
molestados,
por la sobriedad
que
les acompaña en el acto.
Perfumando
el ambiente con
vientos
de pánico, silentes
e
inconclusos, perturbados
por
la mordida llegada al cielo.
¡Cielo
tupido por color nauseabundo!
Consumen
en el devenir
de
las noches, la suma
casi
incontrolable de los años,
arropados
con pieles finas,
Que
embriagadas descienden
por
tan oportuno y veloz aviso
que
las horas corren,
por
senderos inmaculados, idos.
Y la
vida desnuda se muestra
sucumbida
por el efecto de caer tan
bajo,
mostrando los retratos
descompletos
e inconformes,
vomitados
y mal olientes,
gracias
a la tan sagrada corrupción
del
dinero, que solo impide
que
murmuren unos pocos.
Mareados
y vencidos al descender
a la
fría penumbra blanca, caminan
con
la dificultad de llevar los ojos
rojos
y los cuerpos impíos.
Despidiendo
de su boca, el olor
de
decrépitos y sinceros
saberes,
confesando al reflejo
de su
angustia, la verdad de su vida.
Cambiando
las imágenes verdaderas
por
gestos dispersos y deformes,
ruborizados
por el veneno, que
inyectado
en su alma los calma.
Ya
idos, la soledad y el cansancio,
serán
amantes del madero
vencido,
sonoro y deteriorado
por
cargar corazones marchitos.
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