Maldecidos
Aquellos que susurran nombres
dispares en hojas blancas,
esos seres nauseabundos.
Ellos Crueles, ellos sin nombre;
no merecen más que el desprecio
de no ser leídos. Atados a sus demonios
más profundos que se exhiben
es sus tímidos e incoloros gemidos.
Sustituida su vida por instantes
fluorescentes. Su sangre que ya no mancha
su color rojo vino cambiada gota a
gota por su negra tinta, casi azul, casi sin color.
Sumidos en su incoherente mundo
de los auges y perfumes, que
no merecen más que ser odiados.
Esos querida mía, que se hacen llamar poetas,
no deben estar cerca tuyo,
pues tu mi azucena de aroma libido
no debes ser manchada.
- Lastimeramente yo creería, que este distante
mundo que descuartiza la realidad en pedazos tan
diminutos que apenas diviso mi
sombra en el espejo, está inmerso en mi-
¡Aléjate! ¡Aléjate lo mas que puedas!
o quedarías igual que yo,
hundida en lo profundo del sueño

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