Gatos y Moscas
Presa
sonriente y peluda
se
escabulla con que sigilo entre
la selva colorida de espesa
finura
curtida, larga y brillante
Cuan
sombrita espeluznante de
cortas
y torpes patas, que se
agarran
con que dulzura al
madero
caliente de su tumba.
¡Y
retumba y retumba!
El
vibrar silente de la persecución
inminente,
de la vida volando
bajo
y la muerte corriendo alto.
Escondiendo
su sombra en la
alcoba
del rincón vecino;
aturdido
por sus rezos torpes
de
miles de ojos explotándole,
Consumidos
a tope por los broches
desgarrados de sus grandes manos
que
quebrantan el brillo de sus
vuelos
matutinos y amplios.
Eso,
Esa; envuelto en babaza
queda
masticado y escupido
por
el brutal hocico torcido y
podrido del maldito éxito.
Eximido de toda culpa por
su
labor sombría de alimentar
a
sus tripas con el suspiro
que
resta a la corta vida.
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