Pétalo
de piedra
Encontré distintos sus ojos.
Tapados bajo la luz sofocante e insípida
de una piel roja y brillante,
destruía el sigilo templado del ardor,
acaricio entonces la mano fría
la acicalada roca que le veía reír bajo el sol
preguntándose por la marchita belleza
de una disonante y densa nube de hedor;
¡Entonase, disgustado la frotada cabellera
en un compas tenso y alocado,
de la incomodidad placentera del llorar pecado!
Bramo. Rompió disuelto entre el viento,
un clamor grueso que arrullaba el torpe reloj,
brotando de su clok-clok
un sonar que enturbiaban los pómulos
contraídos por la luz temprana de la noche.
¿Volvió? Respiro arenisca húmeda;
noto en el diván rustico del candil que se alejaba,
la incertidumbre llorona de la traición.
Robo de la oscuridad la luna.
xEcx
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