Arterias.
Aquel coagulo endeble de un matiz verde
recorrió el latir desnudo del mudo bosque
el que silbaba aves, el que cantaba lluvia.
Borro ese mismo de la frente ingrata
-en el momento idóneo-
el temblor ciego de unas manos frías y moradas
que acompañaban aquella tarde;
una luz gris que se escapaba al lente
y saltaba de rama en rama
escabulléndose del abrazo ruidoso
que le entregaba aquel jazz a tus ojos.
Voló entonces el corazón del pecho
y llego a la garganta haciendo olvidar
la mecánica palabra - respirar -
y ahogándose en un vendaval
que murmuraba despacio el ronroneo
que producía las ramas al viento;
hizo lloraron los cuervos,
que veían contaminar el celeste riego
con la caída vertiginosa del lujurioso silencio.
¡Estallo el cuerpo!
xEcx
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