Soplo
Diluido
Con el orgullo puesto
como botas,
el camino de piedras doctas
se ve efímero y corrupto;
envuelto en una bola incandescente
tan agria, como el frío desprecio.
La vida da la espalda
y los ojos se entorpecen,
el cuerpo se agita y
la sangre se espesa;
el alma grita.
Los niños lloran,
las tuberías suenan.
El olvidado portor de malas noticias,
llega sonriente y aprieta la mano
del pecador bienaventurado.
El silencio es amigo
donde lo rechazado se ve vano;
Expulsado, en exilio.
Arrogante soberbia
lame despacito,
el hielo que contiene
los demonios convencidos
de enterrar los vicios.
El suspiro se asfixia,
el placer se vuelve mitigo,
del común; maligno.
xEcx
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