Atardece.
Recordaba a la lujuria,
como una bruta posesión
de una noche de perfumes y licores secos;
no como un escape irónico de sus manos,
las de la desnuda soledad.
como una bruta posesión
de una noche de perfumes y licores secos;
no como un escape irónico de sus manos,
las de la desnuda soledad.
Percibió entonces la delicada muestra
de un rastro que salía del color de su piel
e iba formando el camino del deseo;
de un rastro que salía del color de su piel
e iba formando el camino del deseo;
Un deseo apasionadamente terco
que sonriendo deslumbrada la espera;
del tiempo que no existía;
que nunca no existió.
que sonriendo deslumbrada la espera;
del tiempo que no existía;
que nunca no existió.
Entonces agitado pasaba,
con sus manos temblorosas sobre
el rígido y blanco ser;
que ahuyentaba del intimo cuarto
las maldiciones mundanas del querer;
el miedo se volvía placer.
con sus manos temblorosas sobre
el rígido y blanco ser;
que ahuyentaba del intimo cuarto
las maldiciones mundanas del querer;
el miedo se volvía placer.
Y la sangre se volvía tinta
y los besos se volvían versos.
y los besos se volvían versos.
Y los gemidos sedientos;
apagaban el silencio tenso
que ocultaba la oscura tarde.
apagaban el silencio tenso
que ocultaba la oscura tarde.
El sol ardía en el pecho.
Recordó la lujuria
como un viaje denso,
que adormecía el alma ermitaña
de un poeta viejo.
como un viaje denso,
que adormecía el alma ermitaña
de un poeta viejo.
xEcx
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