Intangible.
Llorosos ojos de un cuerpo ambulante,
inquietos
recitales de angustias depravadas y distantes,
esqueleto crudo
del ayer;
No veo ya el gemir
distraído del silencio,
no siento el
corazón arder,
ya no creo en los
cuentos.
Paulatina y virgen
imagen de la felicidad hambrienta,
te escabulles sin
falta y sin tiempo
de los flácidos
dedos de sus restos,
restos de polillas
y azulejos.
Su brisa más fría.
Morir solo en ese
entre curtido suelo,
abandonado en las
fauces de ese misterio
que no se pudo
resolver ni musitar,
no se pudo entender.
Volveré de ahí,
de ese viajar
entrecortado
de un cuerpo a
otro, de las noches del placido
caminar en la
fiebre blanca de un cigarrillo y una cerveza.
Estallare con
fuerza,
tan solo para
contenerme de mí,
estaré en la pared
recostado intentando huir.
Quedara tranquilo
entonces,
podrá disfrutar de
cada viaje,
en cada labio,
en cada dedo,
en cada espalda;
quedara entonces
marchito;
el besar fortuito
de los ojos que ya no ven,
y romperá sediento
de vida,
la cadena inaudita
del tierno y crudo padecer.
Padecer de ironía,
de ir a contratiempo.
xEcx
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