lunes, 27 de julio de 2015

Muerte sonrojada

Muerte sonrojada.

Cuantos diamantes descalzos sonríen,
tantos pasos borrados por la brisa,
esas suaves caricias calcinadas en el bruto besar
de mis pies a la arena,
ese masturbar oscilante que mareaba,
un cubrir tácito con otra piel;

Una arenisca sucia con olor putrefacto,
descomponía la contaminada estela de la playa;
los pies dede riscos jugaban a juzgar a la peste tan conocida de esta era.

Bichos y gentes.

Contaminacíon de un consumo inacabable.
Somos peste y antídoto.
Magia.

De un momento a otro el sol explotaba,
y vestía  a su azul contaminado con una sonrojada muerte;
descendía vehemente, mientras la luna roja
asomaba su olfato turbio a mi espalda;
noches solitarias.

¡Labios vagabundos de mi cuerpo desnudo en la comisura dela tierra!

Se unieron allí los límites inexistentes de mi memoria
los cuerpos sólidos,
los sentimientos líquidos,
las caricias perdidad de la brisa en mi frente.

Caminar al borde de la desquicia,
sentir la húmeda empuñadura de su filosa y salada arma,
espuma,
semen destilado por el sal,
nutría viciosamente mis dedos carentes
-piedrecillas y conchas-
llagas ardían en la lúbrica omnipotencia de ese horizonte febril,
la luna y yo.

No conocía esa bella ausencia,
esas translucidas formas que se desprendían de mí,
andar por la solitaria selva dorada;

de nuevo asisto al entierro de mi sol-edad
a esa paulatina y ruborizada
muerte.

xEcx

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