Acalorados.
Escondía agujeros bajo el suelo,
los ocultaba allí
para que el ruido no fuese tan fuerte,
quería borrar la luz encandelilladla de la calle
que cegaba sus ojos
y ocultaba de él su vacio.
Murmuraba en la paz solitaria
que su llegada seria pronto,
advertía a su alma que dichosa se hundía
de volver a mirar
aquellas dos estrellas adoquinadas;
ferviente ungía sus manos sudadas
en el pecho enfurecido,
en la cabeza calva,
en el corazón podrido.
Brusca ansiedad.
Pesadez bochornosa y hastió,
tortura desenfrenada del duro viento,
infierno insoportable de maderos viejos.
Humo elevándose,
los ojos tornándose pesados
cayendo levemente con un zumbido;
…“llévenme de aquí”
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