Desplumada
Regresaba
a su húmeda morada
el
ave herida por la fuerte brisa
que
ahuyentaba el cálido aire
de
los atardeceres lloviznados;
cansada
de viajar en las turbulentas
indecisas
y mareantes aguas
del
desconcierto de no saber a dónde ir,
de
un viaje nublado y sin vista alguna.
Pero
volvía dichosa y se regocijaba
al
tener en el espacio frío un aliento
ardiente
de vida, por el placer de tocar
ferviente el suelo firme y sagrado.
Casi
privada al contacto lujurioso
de
sus gélidas patas con el infernal y peligroso
suelo
que yacía intacto y ausente
viendo
como recibir aquel proyectil del cielo;
tan
perforante que abatía estruendosamente
el
tranquilo lugar que veía desprevenido
las
suaves gotas caer alocadas como llanto
desesperado
de las nubes y los gritos sordos.
Acogiendo
a su paso la locura mojada
tímida
y realmente empapada de miedo,
creyendo
lucidamente en el tragar colapsado
de
las grumosas y densas nubes del olvido;
que
entristecían tanto al ave herida
que
distraía lloraba en el aire con las nubes;
soñando
con el día de estar aquí,
lejos
de los afanados ruidos indiferentes;
que
derribaban lentamente
las
ansiosas ganas de creer que alguna vez
encontraría
el camino menos arduo
para
volver a la tranquilidad empolvada;
de
un ayer sonriente de brisa y sol mañanero,
que
como una caricia suave y melódica
abrazaba
las alas quietas de un corazón
apasionadamente
inestable.
xEcx
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